Trapezoidal movimiento de pies,
rombo inestable y desequilibrado,
un falso dos por cuatro
de ocho lados desiguales,
dos dedos de alcohol al filo del sombrero.
Afuera Malena canta un tango *
detrás de un arlequín de fango,
y el Cuartito azul** apaga sus luces dos instantes antes
del sollozo del alba, que no perdona
las malas rimas del alma.
Tonterías medievales
cascos blancos rotos por el verdugo tiempo;
la frente marchita que ya no vuelve
como tampoco vuelven los balcones con geranios.
Pasa, detrás de la carroza, el funerario.
Su atiborrada valija de lápidas a pedidos,
de epitafios dibujados en hojas de bronce
oropel de los muertos, sin olvidos.
En el epígrafe de la polaroid una pluma escribió:
“Hoy no creo ni en mi mismo,
todo es grupo, todo es falso,
y aquel, el que está más alto
es igual a los demás...” ***
*Malena - Homero Manzi
**Cuartito azul - Mario Battistella
***Las cuarentas - F. Gorrindo
lunes, 22 de febrero de 2010
viernes, 19 de febrero de 2010
Tantas cosas que no entiendo
Límites, calles cortadas y anegadas
en la vorágine del tranvía, del tiempo efímero.
Los ojos desorbitados buscan la calma
el norte que lo guíe hasta su centro.
Han pasado tantas huellas debajo de sus zapatos,
tantos chicles pegados en la vereda
que teme mirar al cielo, por si acaso
quedar varado.
Fueron las paredes quebradas las que hablaron
con sus grietas de escarnio.
Le dijeron con grafitis
¡Basta, no te sigas lamentando!
Camina, camina, anda de pies descalzos,
contágiate de la tierra, sus relieves, sus piedras en los caminos,
magúllate los dedos tropezando,
pero camina, camina, sigue andando.
Yo y mi silencio blanco.
Hay tantas cosas que no entiendo;
tantos negros presagios,
tantas oxidadas esperanzas,
contradictorias afonías
que hablan de un fracaso, de un sino oscuro, trasnochado.
Los límites redondos, siempre volviendo, rotando
sobre un eje descentrado,
mi silla de tres patas y un libro en blanco
bitácora de vuelo de un ave momificado.
Yo, mi oído sordo, mi silencio blanco
y tantas cosas que no entiendo…
tantas cosas que no entiendo…
en la vorágine del tranvía, del tiempo efímero.
Los ojos desorbitados buscan la calma
el norte que lo guíe hasta su centro.
Han pasado tantas huellas debajo de sus zapatos,
tantos chicles pegados en la vereda
que teme mirar al cielo, por si acaso
quedar varado.
Fueron las paredes quebradas las que hablaron
con sus grietas de escarnio.
Le dijeron con grafitis
¡Basta, no te sigas lamentando!
Camina, camina, anda de pies descalzos,
contágiate de la tierra, sus relieves, sus piedras en los caminos,
magúllate los dedos tropezando,
pero camina, camina, sigue andando.
Yo y mi silencio blanco.
Hay tantas cosas que no entiendo;
tantos negros presagios,
tantas oxidadas esperanzas,
contradictorias afonías
que hablan de un fracaso, de un sino oscuro, trasnochado.
Los límites redondos, siempre volviendo, rotando
sobre un eje descentrado,
mi silla de tres patas y un libro en blanco
bitácora de vuelo de un ave momificado.
Yo, mi oído sordo, mi silencio blanco
y tantas cosas que no entiendo…
tantas cosas que no entiendo…
domingo, 14 de febrero de 2010
La inutilidad de tu mezquino y abstracto yo
Soy el silencio,
el que deja de hablar para escribirte,
balbucear incoherencias desde un púlpito necio,
desde el cerrojo imbécil de tu lengua
que se niega, se retrae impunemente
hasta ser descifrado por un word
y sus malditas correcciones.
Un error haciendo catarsis,
magullando con dientes la piedra,
el basamento de tu yo inútil y abstracto.
Se corta el talón de Aquiles de tus miserias,
cae arrumbado entre los pies,
los crudos y desnudos pies de un gigante,
el que observa abstraído por mi risa,
la risa incomprensible de tu miedo.
Soy la honda certera de la palabra,
el proyectil disparado desde adentro
¡No huyas cobarde!
Abre el flujo de la sangre,
corroe el senil abandono estéril a los fracasos;
el estúpido amor altera tu libre albedrío
pero no lo mata.
el que deja de hablar para escribirte,
balbucear incoherencias desde un púlpito necio,
desde el cerrojo imbécil de tu lengua
que se niega, se retrae impunemente
hasta ser descifrado por un word
y sus malditas correcciones.
Un error haciendo catarsis,
magullando con dientes la piedra,
el basamento de tu yo inútil y abstracto.
Se corta el talón de Aquiles de tus miserias,
cae arrumbado entre los pies,
los crudos y desnudos pies de un gigante,
el que observa abstraído por mi risa,
la risa incomprensible de tu miedo.
Soy la honda certera de la palabra,
el proyectil disparado desde adentro
¡No huyas cobarde!
Abre el flujo de la sangre,
corroe el senil abandono estéril a los fracasos;
el estúpido amor altera tu libre albedrío
pero no lo mata.
martes, 9 de febrero de 2010
La irresponsable muerte de la culpa
Inexistente el vínculo
aferro eufórico sin saber
de la corta cadena de infortunios;
cada eslabón es un peldaño
hacia una bocanada de aire puro.
La primera y última.
Ya no pertenezco al ser natural
soy presto nonato advenedizo
de un útero de migrañas excitadas
e irresponsables.
Por los ojos, una vagina me escupe
como un vestigio casual-causal,
un orgasmo acelerado sin control,
restos de futuros inmaduros.
Un instante soy, otro no estoy;
perezco entre los dos últimos segundos
de una cobardía.
Y el mundo sigue andando
entre bombas y festines
en la franja del miedo,
del medio
indiferente.
Un instante fui.
Nadie me lloró.
aferro eufórico sin saber
de la corta cadena de infortunios;
cada eslabón es un peldaño
hacia una bocanada de aire puro.
La primera y última.
Ya no pertenezco al ser natural
soy presto nonato advenedizo
de un útero de migrañas excitadas
e irresponsables.
Por los ojos, una vagina me escupe
como un vestigio casual-causal,
un orgasmo acelerado sin control,
restos de futuros inmaduros.
Un instante soy, otro no estoy;
perezco entre los dos últimos segundos
de una cobardía.
Y el mundo sigue andando
entre bombas y festines
en la franja del miedo,
del medio
indiferente.
Un instante fui.
Nadie me lloró.
domingo, 31 de enero de 2010
Eutanasia del espantoso abandono
Digo la muerte como digo amor vacuo,
ambos merecedores de ser vividos
en la eutanasia del espantoso abandono,
del exilio de las salidas,
del ocultamiento del mar calmo en retirada.
Nadie más que la muerte y sus mezquindades
y sus pájaros negros de garras negras
sujetando mis hombros,
alentando un suicidio progresivo
sonriendo debajo de la cama.
Te recuerdo fría y patética
en la abducción por tus esfínteres mugrientos:
de las señales de tránsito, las coordenadas,
los vericuetos de las posibles huídas
y sus inútiles manuales cartográficos.
Digo la vida como la piedra fundamental
de un sinsentido maremoto sanguíneo,
injustificado y malignamente necesario
para poder alcanzar la dignidad de la muerte
de la oprobiosa esperanza.
Y rememoro entonces las luces, vida y muerte
en puja constante en mi torpe y libre albedrío.
En la niebla, una sombra con capa
desdibuja un tajo de guadaña sin misericordia
mientras el viento se lleva mis cenizas;
inexorablemente.
ambos merecedores de ser vividos
en la eutanasia del espantoso abandono,
del exilio de las salidas,
del ocultamiento del mar calmo en retirada.
Nadie más que la muerte y sus mezquindades
y sus pájaros negros de garras negras
sujetando mis hombros,
alentando un suicidio progresivo
sonriendo debajo de la cama.
Te recuerdo fría y patética
en la abducción por tus esfínteres mugrientos:
de las señales de tránsito, las coordenadas,
los vericuetos de las posibles huídas
y sus inútiles manuales cartográficos.
Digo la vida como la piedra fundamental
de un sinsentido maremoto sanguíneo,
injustificado y malignamente necesario
para poder alcanzar la dignidad de la muerte
de la oprobiosa esperanza.
Y rememoro entonces las luces, vida y muerte
en puja constante en mi torpe y libre albedrío.
En la niebla, una sombra con capa
desdibuja un tajo de guadaña sin misericordia
mientras el viento se lleva mis cenizas;
inexorablemente.
lunes, 25 de enero de 2010
Por lo absurdo de mi risa
He reído por el simple hecho de reír,
absorto de mi,
absurdo de mi,
necio de mi.
Afuera, en la calle; una niña vende su risa.
Ya no río,
mañana tampoco ella reirá.
Necio de mi,
por lo absurdo de mi risa.
absorto de mi,
absurdo de mi,
necio de mi.
Afuera, en la calle; una niña vende su risa.
Ya no río,
mañana tampoco ella reirá.
Necio de mi,
por lo absurdo de mi risa.
viernes, 22 de enero de 2010
Absurdidades
Me he dicho tantas veces
que soy el déspota de mi vida,
el tirano de piedra y aceite caliente,
el francotirador asesino de luceros,
por ajusticiar los días de posibles abulias
o de efímeras y estúpidas victorias
logradas desde esta miserable silla,
victima también de mi aletargado proceder.
Y no se equivoca mi pereza
cuando insulsa se lastima, diciéndose
entre dientes apretados
que la sarta de fracasos es tan amplia
como las auroras boreales,
que contrariando a la oscuridad
se llena de colores y de cielos
mientras que ella duerme aburrida de si misma.
Y lo curioso de este estío prematuro
casi diría nacido en la cuna de un vientre,
es su omnipotencia, su terquedad de suicida,
de insurrecto y clandestino cobarde
que aun sabiéndose congelado en vida
sigue en su proceder abstracto y de final previsible.
La nada absoluta y estridentemente implosiva.
En este instante, que se me agotan las palabras,
sigo sin comprender a esta sangre adormecida
que apenas entibia los dedos y la lengua
para decir tantas vacías y re manidas frases
de apología al auto abandono,
al suicidio masivo de ideas o de escaleras
que suban hasta el primer subsuelo al menos,
ya que tocar un primer piso sigue siendo utopía,
una absurda y estúpida utopía.
que soy el déspota de mi vida,
el tirano de piedra y aceite caliente,
el francotirador asesino de luceros,
por ajusticiar los días de posibles abulias
o de efímeras y estúpidas victorias
logradas desde esta miserable silla,
victima también de mi aletargado proceder.
Y no se equivoca mi pereza
cuando insulsa se lastima, diciéndose
entre dientes apretados
que la sarta de fracasos es tan amplia
como las auroras boreales,
que contrariando a la oscuridad
se llena de colores y de cielos
mientras que ella duerme aburrida de si misma.
Y lo curioso de este estío prematuro
casi diría nacido en la cuna de un vientre,
es su omnipotencia, su terquedad de suicida,
de insurrecto y clandestino cobarde
que aun sabiéndose congelado en vida
sigue en su proceder abstracto y de final previsible.
La nada absoluta y estridentemente implosiva.
En este instante, que se me agotan las palabras,
sigo sin comprender a esta sangre adormecida
que apenas entibia los dedos y la lengua
para decir tantas vacías y re manidas frases
de apología al auto abandono,
al suicidio masivo de ideas o de escaleras
que suban hasta el primer subsuelo al menos,
ya que tocar un primer piso sigue siendo utopía,
una absurda y estúpida utopía.
miércoles, 20 de enero de 2010
Con estrellas en los ojos
El perro de la plaza
se parece a mis ojos,
desiertos como un arenero
en días de lluvias;
sin niños,
sin nanas cuidándolos
ni árboles ni sortijas;
todo se filtra en sus horizontes,
hasta la pendiente del caracol lento
que deriva sobre su vientre,
sobre su paciencia
sin la ansiedad del viento.
Él me encuentra cada noche,
cada paso transcurrido,
cada gorrión ausente,
cada orgía de insectos entre la grama.
Yo lo acuno en mis ojos,
en mis manos de abandono
y me vuelvo sus miedos,
sus espantos de tranvías,
de frío bajo la noche indiferente
de las pedradas de la vida
de su vida de perro no elegida.
Y soy también perro buscando su amparo;
dos caminamos la noche desierta,
dos desiertos
con estrellas en los ojos.
se parece a mis ojos,
desiertos como un arenero
en días de lluvias;
sin niños,
sin nanas cuidándolos
ni árboles ni sortijas;
todo se filtra en sus horizontes,
hasta la pendiente del caracol lento
que deriva sobre su vientre,
sobre su paciencia
sin la ansiedad del viento.
Él me encuentra cada noche,
cada paso transcurrido,
cada gorrión ausente,
cada orgía de insectos entre la grama.
Yo lo acuno en mis ojos,
en mis manos de abandono
y me vuelvo sus miedos,
sus espantos de tranvías,
de frío bajo la noche indiferente
de las pedradas de la vida
de su vida de perro no elegida.
Y soy también perro buscando su amparo;
dos caminamos la noche desierta,
dos desiertos
con estrellas en los ojos.
miércoles, 13 de enero de 2010
Ojos de lluvias marrones
Lo he buscado,
en el retoño amanecido
de un desayuno de cascarilla y leche,
en la planicie de un silencio.
¿Qué habrá sido de él?
¿Lo absorbió el olvido?
¿Se desprendió en retinas?
Ni la farsa ni el mimo
lo devolvieron
a su origen;
al añejado origen.
¿Será que duerme verde perenne
recostado a un giro de trompo?
Ni vestigios de bruma
de su bruma amarillenta
en los puertos de sus ojos.
No en las grúas de los trenes
de su infancia de andenes
de su solitaria inmadurez púber.
Lo he buscado en las huellas
de una honda al cuello
atravesando siestas,
soledades calientes.
Detrás de los espejos
de ríos de cunetas,
tras las marrones lluvias
tras las redes de mariposas
salpicando barro de charcos,
ahogado quizás
en su maravilla de juegos
sobre una antigua esperanza
de manos abiertas a las manos
de potreros y rebaños.
Lo he buscado,
y encontré a un niño
con ojos de lluvias marrones
con el rostro apagado entre sus manos.
Entonces lloré.
en el retoño amanecido
de un desayuno de cascarilla y leche,
en la planicie de un silencio.
¿Qué habrá sido de él?
¿Lo absorbió el olvido?
¿Se desprendió en retinas?
Ni la farsa ni el mimo
lo devolvieron
a su origen;
al añejado origen.
¿Será que duerme verde perenne
recostado a un giro de trompo?
Ni vestigios de bruma
de su bruma amarillenta
en los puertos de sus ojos.
No en las grúas de los trenes
de su infancia de andenes
de su solitaria inmadurez púber.
Lo he buscado en las huellas
de una honda al cuello
atravesando siestas,
soledades calientes.
Detrás de los espejos
de ríos de cunetas,
tras las marrones lluvias
tras las redes de mariposas
salpicando barro de charcos,
ahogado quizás
en su maravilla de juegos
sobre una antigua esperanza
de manos abiertas a las manos
de potreros y rebaños.
Lo he buscado,
y encontré a un niño
con ojos de lluvias marrones
con el rostro apagado entre sus manos.
Entonces lloré.
martes, 12 de enero de 2010
Daniel; un hombre extraño
Soy el carruaje calabaza
que a la medianoche sigue siendo calabaza.
Los ratones se murieron de viejos
intentando romper el hechizo.
El zapato de cristal sólo fue un zueco holandés,
absurda y abstracta semiología.
Mi medi-tación terminó al me-dio de mi neurosis,
preciso instante en que los ratones resucitaron en caballos
y asustados por mis alaridos se lanzaron al vacío
desde un décimo subsuelo.
Perdona, no tengo tiempo para el cansancio.
El cansancio no me permite tenerlo.
No estoy loco, apenas comienzo mi crucigrama,
no es fácil deletrear jeroglíficos debajo de las dunas.
Dos vertical; palabra simple, razonada, cruel, seis letras:
LaVida
Se va mi calabaza, se lleva dos princesas con ella,
la tercera duerme bajo mis axilas.
El zueco encontró su horma,
una aprendiz de reina: Blanca Nieve, mujer pura.
Se montó el calzado, se convirtió en duna.
Ya soy arena, pies descalzos me caminan,
ratones disecados escapan de mi cabeza,
se suben a la carroza guiada por las princesas.
La noche duerme en mis ojos despiertos;
afuera llueve finito; adentro llueve a cántaros,
mi paraguas se ha roto; vencido por las arenas.
Ya no sé quién soy desde que mi calabaza se durmió
exactamente a la medianoche; hora de brujas;
hora de volver a ser quién nunca fui:
un hombre extraño.
que a la medianoche sigue siendo calabaza.
Los ratones se murieron de viejos
intentando romper el hechizo.
El zapato de cristal sólo fue un zueco holandés,
absurda y abstracta semiología.
Mi medi-tación terminó al me-dio de mi neurosis,
preciso instante en que los ratones resucitaron en caballos
y asustados por mis alaridos se lanzaron al vacío
desde un décimo subsuelo.
Perdona, no tengo tiempo para el cansancio.
El cansancio no me permite tenerlo.
No estoy loco, apenas comienzo mi crucigrama,
no es fácil deletrear jeroglíficos debajo de las dunas.
Dos vertical; palabra simple, razonada, cruel, seis letras:
LaVida
Se va mi calabaza, se lleva dos princesas con ella,
la tercera duerme bajo mis axilas.
El zueco encontró su horma,
una aprendiz de reina: Blanca Nieve, mujer pura.
Se montó el calzado, se convirtió en duna.
Ya soy arena, pies descalzos me caminan,
ratones disecados escapan de mi cabeza,
se suben a la carroza guiada por las princesas.
La noche duerme en mis ojos despiertos;
afuera llueve finito; adentro llueve a cántaros,
mi paraguas se ha roto; vencido por las arenas.
Ya no sé quién soy desde que mi calabaza se durmió
exactamente a la medianoche; hora de brujas;
hora de volver a ser quién nunca fui:
un hombre extraño.
domingo, 10 de enero de 2010
Sin identidad
Es el hueco del árbol
que esconde sus agostos;
el nonato de identidad
tan hueco como su tronco.
Morir parado
en el suicidio de árbol viejo,
reabsorbiendo sus raíces
secas como sus nidos.
La última hoja cayó
hace más de tres lustros
y son ruidos sordos los respiros.
Se secó su centro
y sus círculos desparramados
en manos del verdugo tiempo
se volvieron trofeos de la tierra.
Hueco su tronco, su nombre,
sus nidos abandonados.
La estirpe de sus raíces amputadas;
sin identidad.
que esconde sus agostos;
el nonato de identidad
tan hueco como su tronco.
Morir parado
en el suicidio de árbol viejo,
reabsorbiendo sus raíces
secas como sus nidos.
La última hoja cayó
hace más de tres lustros
y son ruidos sordos los respiros.
Se secó su centro
y sus círculos desparramados
en manos del verdugo tiempo
se volvieron trofeos de la tierra.
Hueco su tronco, su nombre,
sus nidos abandonados.
La estirpe de sus raíces amputadas;
sin identidad.
martes, 5 de enero de 2010
Tras las lluvias de infiernos
A partir de hoy nada sucederá;
nada.
El futuro desapareció
desmaterializado en su víspera:
hecho polvo
hecho viento.
Sólo sobrevive la sortija sola
y los caballos de la noria;
sin jinetes,
sin más vueltas
con chirridos.
Ya no hay niños en los nidos.
La esperanza, sin manos
que asen la sortija,
se fue en un caballo de fuego
tras la última lluvia
de infiernos.
Y el viento y la lluvia
y las cenizas,
y los caballos rojos sin sonrisas
desmaterializan la esperanza.
Luego del estallido
de las bombas,
de la estúpida humanidad.
nada.
El futuro desapareció
desmaterializado en su víspera:
hecho polvo
hecho viento.
Sólo sobrevive la sortija sola
y los caballos de la noria;
sin jinetes,
sin más vueltas
con chirridos.
Ya no hay niños en los nidos.
La esperanza, sin manos
que asen la sortija,
se fue en un caballo de fuego
tras la última lluvia
de infiernos.
Y el viento y la lluvia
y las cenizas,
y los caballos rojos sin sonrisas
desmaterializan la esperanza.
Luego del estallido
de las bombas,
de la estúpida humanidad.
jueves, 31 de diciembre de 2009
Curvatura natural
Sigo las huellas; es el agua cantarina que me llama.
Son los pasos abandonados en la huída,
los muertos inesperados,
las sierpes enajenadas de los recuerdos secos;
el vetusto árbol anunciando el otoño de la vida.
Veo la luz desarmarse desde los ojos;
los amarillos turgentes desde los limoneros,
los rojos furiosos desde las cerezas de los labios,
el azul antártico de los verdes cipreses
que ya no cortan vientos ajenos.
Se desgasta la vara guía que sostiene,
que retiene la inclinación natural hacia la caída.
Se encorva el árbol que cae…que cae.
Son los pasos abandonados en la huída,
los muertos inesperados,
las sierpes enajenadas de los recuerdos secos;
el vetusto árbol anunciando el otoño de la vida.
Veo la luz desarmarse desde los ojos;
los amarillos turgentes desde los limoneros,
los rojos furiosos desde las cerezas de los labios,
el azul antártico de los verdes cipreses
que ya no cortan vientos ajenos.
Se desgasta la vara guía que sostiene,
que retiene la inclinación natural hacia la caída.
Se encorva el árbol que cae…que cae.
miércoles, 30 de diciembre de 2009
Noches y días circulares
Es la hora insostenible, la metafísica del tiempo,
cuando el trino calla sobre la montaña
y los dragones dragan la desesperanza.
Cuando deviene el río que va trepando
menguan los diques callados de castores
y los chillidos de colmillos sobre la madera
anuncian las muertes de los pinos.
Son mis pies entonces que tiemblan
y mis dedos que rechazan crepúsculos sostenidos
del fino cristal de una gota congelada,
en la rama de otra aburrida encina.
Los vivos mueren y los muertos recuperan el habla
justamente cuando la insobornable noche abre
pisando la alfombra negra sin dar revanchas.
La cruz del sur se atraviesa en la garganta
y los puntos cardinales se confunden, se mixturan
y todo perece en las formas de un teorema,
de la hipótesis inconclusa del pánico,
del resistir sobre la roca trasnochada
alcohólica y vehemente, sin redes
que detengan la inconsistencia del ser.
No hay regreso entonces; las vías se cierran
en círculos y todo recomienza a la hora exacta
en el preciso instante de los relojes agotados,
de la esencia mutante, de las ranas en los pozos
que croan al cielo en los aljibes de piedras.
Y soy un batracio más, sumergido en la bruma,
náufrago anónimo en la misma inundación.
cuando el trino calla sobre la montaña
y los dragones dragan la desesperanza.
Cuando deviene el río que va trepando
menguan los diques callados de castores
y los chillidos de colmillos sobre la madera
anuncian las muertes de los pinos.
Son mis pies entonces que tiemblan
y mis dedos que rechazan crepúsculos sostenidos
del fino cristal de una gota congelada,
en la rama de otra aburrida encina.
Los vivos mueren y los muertos recuperan el habla
justamente cuando la insobornable noche abre
pisando la alfombra negra sin dar revanchas.
La cruz del sur se atraviesa en la garganta
y los puntos cardinales se confunden, se mixturan
y todo perece en las formas de un teorema,
de la hipótesis inconclusa del pánico,
del resistir sobre la roca trasnochada
alcohólica y vehemente, sin redes
que detengan la inconsistencia del ser.
No hay regreso entonces; las vías se cierran
en círculos y todo recomienza a la hora exacta
en el preciso instante de los relojes agotados,
de la esencia mutante, de las ranas en los pozos
que croan al cielo en los aljibes de piedras.
Y soy un batracio más, sumergido en la bruma,
náufrago anónimo en la misma inundación.
jueves, 24 de diciembre de 2009
Hoy, quizás mañana.
Intento la horizontalidad de la pendiente
para que no siga cayendo;
igual cae
por su propia gravedad.
Me aplasta oblicuamente
sobre el bisel de su filosa caída.
Recién entonces comprendo:
ya no pesarán mis fracasos.
para que no siga cayendo;
igual cae
por su propia gravedad.
Me aplasta oblicuamente
sobre el bisel de su filosa caída.
Recién entonces comprendo:
ya no pesarán mis fracasos.
miércoles, 23 de diciembre de 2009
Ayer, el día, no sé...
Los muebles/ los libros/ un candelabro sin velas
certifican los estadios del tiempo;
la quietud de las plantas de plástico
en una maceta también de plástico
vegetan la no vida, la inexistencia de un flujo de sangre;
sólo mis gatas con sus suciedades
justifican el movimiento de mis pies:
la estúpida rutina de retirar sus excrementos.
El resto es harina de otro costal.
certifican los estadios del tiempo;
la quietud de las plantas de plástico
en una maceta también de plástico
vegetan la no vida, la inexistencia de un flujo de sangre;
sólo mis gatas con sus suciedades
justifican el movimiento de mis pies:
la estúpida rutina de retirar sus excrementos.
El resto es harina de otro costal.
sábado, 28 de noviembre de 2009
De parto
Estatuilla de chocolate sobre la cama
fecunda horas marrones y arrugadas;
calor sin brillo sobre la flama
derrite sabores entre piernas asombradas:
pare la vida preñada entre arrumacos,
de un lado el cielo,
del otro el ingreso al hueco de la duda;
desde la luz uterina húmeda y cálida
a la oscura nursery del mundo.
¿Dónde debo bajar de este tren de aguas?
Pregunta el eco desprendido de ternura.
Sus ojos sellados, inmaduros
no distinguen nada;
angustia ciega y el golpe que llega
artero, sacudiendo el sueño
en forma de nalgadas.
/ ¡Llora mi niño!
Necesitas contraseña
para respirarte vivo /
(Aunque la palmada te duela.)
fecunda horas marrones y arrugadas;
calor sin brillo sobre la flama
derrite sabores entre piernas asombradas:
pare la vida preñada entre arrumacos,
de un lado el cielo,
del otro el ingreso al hueco de la duda;
desde la luz uterina húmeda y cálida
a la oscura nursery del mundo.
¿Dónde debo bajar de este tren de aguas?
Pregunta el eco desprendido de ternura.
Sus ojos sellados, inmaduros
no distinguen nada;
angustia ciega y el golpe que llega
artero, sacudiendo el sueño
en forma de nalgadas.
/ ¡Llora mi niño!
Necesitas contraseña
para respirarte vivo /
(Aunque la palmada te duela.)
La dignidad
Está erguida en la fragilidad de una palabra;
recostada al poniente de un susurro
entre alacranes y fieras hambrientas:
vienen por ella.
recostada al poniente de un susurro
entre alacranes y fieras hambrientas:
vienen por ella.
viernes, 20 de noviembre de 2009
Puede que sea
El palpable espacio de la ausencia
arremolina tempestades inclementes.
La calvicie de los años peina canas
de tan inciertas pesadillas;
mientras tanto, la arrugada frente
encausa ríos de malas costumbres
hasta las sienes que envejecen.
Te vi. Ya no te escondas vida.
Pareces un lirón durmiendo la siesta
debajo de una escafandra de hiedra.
Oye la voz que golpea tus estribos,
de oído a oído atravesando médulas ¡Óyela!
distingue sus campanas tras tu sordera,
repulga tus orejas de cera,
haz concilio de paz con tus pupilas,
libera tus auroras corrompidas
de inmaculada abulia.
Puede que sea tu última aurora.
arremolina tempestades inclementes.
La calvicie de los años peina canas
de tan inciertas pesadillas;
mientras tanto, la arrugada frente
encausa ríos de malas costumbres
hasta las sienes que envejecen.
Te vi. Ya no te escondas vida.
Pareces un lirón durmiendo la siesta
debajo de una escafandra de hiedra.
Oye la voz que golpea tus estribos,
de oído a oído atravesando médulas ¡Óyela!
distingue sus campanas tras tu sordera,
repulga tus orejas de cera,
haz concilio de paz con tus pupilas,
libera tus auroras corrompidas
de inmaculada abulia.
Puede que sea tu última aurora.
sábado, 14 de noviembre de 2009
Séptima luna saturniana
Soy el segundo insignificante
entre las agujas cronológicas del olvido,
sobre la cornisa
que sustenta el último suspiro
de un cohete saturniano rumbo
a su séptima luna.
Afuera de mi centro,
sobre el asfalto verde
del mísero campo de juego donde circula la savia
aterida de semáforos rojos, castradores de arterias,
me veo iluminado.
Proyección atómica sobre la vidriera rota
expuesto entre candelabros y maniquíes,
bronces y madera, brillo y sonrisas falsas.
Allí transito náufrago en oquedades
apenas ese punto efímero
que suma y resta siempre el mismo punto.
Pasa un tren al galope,
cien caballos murmullan
sus bufidos de vapor,
humedecen sus huellas cautivas.
Miles de segundos de hierros aplastan mis propios pasos
nadie los nota, soy sombra
que transcurre entre dos eclipses.
Nos propusimos mudar de otoños
en ráfagas de adrenalina,
aferrar la estirpe de esa rosa de amatista
hecha vientre sobre los geranios
y fuimos afiches de latas herrumbradas
en la intemperie de paredes opuestas.
Los geranios también se herrumbraron;
las paredes se aplastaron entre ellas;
el tren galopó sobre los vientres de los geranios,
se desparramaron esporas de puntos
sobre los rieles;
sobreviví apenas por mi atómica insignificancia
en la séptima luna saturniana.
entre las agujas cronológicas del olvido,
sobre la cornisa
que sustenta el último suspiro
de un cohete saturniano rumbo
a su séptima luna.
Afuera de mi centro,
sobre el asfalto verde
del mísero campo de juego donde circula la savia
aterida de semáforos rojos, castradores de arterias,
me veo iluminado.
Proyección atómica sobre la vidriera rota
expuesto entre candelabros y maniquíes,
bronces y madera, brillo y sonrisas falsas.
Allí transito náufrago en oquedades
apenas ese punto efímero
que suma y resta siempre el mismo punto.
Pasa un tren al galope,
cien caballos murmullan
sus bufidos de vapor,
humedecen sus huellas cautivas.
Miles de segundos de hierros aplastan mis propios pasos
nadie los nota, soy sombra
que transcurre entre dos eclipses.
Nos propusimos mudar de otoños
en ráfagas de adrenalina,
aferrar la estirpe de esa rosa de amatista
hecha vientre sobre los geranios
y fuimos afiches de latas herrumbradas
en la intemperie de paredes opuestas.
Los geranios también se herrumbraron;
las paredes se aplastaron entre ellas;
el tren galopó sobre los vientres de los geranios,
se desparramaron esporas de puntos
sobre los rieles;
sobreviví apenas por mi atómica insignificancia
en la séptima luna saturniana.
viernes, 6 de noviembre de 2009
Tiempos muertos e incoherencias de arena
A veces los relojes marcan incoherencias
y se empecinan en ser soles de arena.
Sobre la repisa de un baño de tugurio
una mancha de humedad se mueve,
parece una concha persiguiendo a una perla.
Dos borrachos y sus cervezas
hablan de emborrachar las piernas de una pordiosera.
Sobre los tarros de basura en el callejón
pasan gatos lamiendo sus días eternos, de noches iguales,
algunas blancas otras sucias.
En definitiva, navajas tajando las miserias.
Pasa mi voz entre los vidrios rotos de botellas;
se cuartea, sangra, dice obscenidades. Son ellas o mis venas
las que dicen verdades, las que calumnian.
Muere la pordiosera hendido su sexo por una ostra húmeda.
Los gatos lamen su sangre mezclada con la cerveza.
Dos borrachos se masturban entre los tarros de basura.
Las navajas se desafilan en mi garganta,
cortan el ritmo. Entonces me detengo.
No se puede movilizar el tiempo con las agujas cortadas
por soles de arena.
y se empecinan en ser soles de arena.
Sobre la repisa de un baño de tugurio
una mancha de humedad se mueve,
parece una concha persiguiendo a una perla.
Dos borrachos y sus cervezas
hablan de emborrachar las piernas de una pordiosera.
Sobre los tarros de basura en el callejón
pasan gatos lamiendo sus días eternos, de noches iguales,
algunas blancas otras sucias.
En definitiva, navajas tajando las miserias.
Pasa mi voz entre los vidrios rotos de botellas;
se cuartea, sangra, dice obscenidades. Son ellas o mis venas
las que dicen verdades, las que calumnian.
Muere la pordiosera hendido su sexo por una ostra húmeda.
Los gatos lamen su sangre mezclada con la cerveza.
Dos borrachos se masturban entre los tarros de basura.
Las navajas se desafilan en mi garganta,
cortan el ritmo. Entonces me detengo.
No se puede movilizar el tiempo con las agujas cortadas
por soles de arena.
martes, 3 de noviembre de 2009
Insípidas moralinas
No me hables desde tu costilla,
desde mi hueso ausente hecho tu esencia,
yo te conozco como el viento que pasa entre mis muelas
cuando me aspirabas el aliento
donde sucumbían tus míseros besos,
aquellos que regateabas con preámbulos
de moralinas insípidas y malolientes,
de blasfemias de virgen corrompida,
de rana hechizada en princesa rana;
apenas un escalón más en tu evolución humana.
No me hables de amor ahora,
ahora que cayó el abismo sobre tus arrugas,
sobre tu escarcha acorazonada,
hiedra trepadora de desesperanzas
enredada en las piernas de cualquiera,
de cualquiera que se puso en tu ramaje,
en tu ramaje de hierba venenosa,
artera y seductora de ingenuos corazones
malolientes, corazones que engendraron
tu despotismo de diablesa.
No me hables, ya no te creo,
apenas siento surcar entre tus dientes
las palabras que se lleva el viento
montadas en nubes de cianuro,
tu auténtico veneno, tu esencia;
ya nada me asombra de ti
ni siquiera tu regreso hecho pureza
candela falsa de rubores
sobre tus sienes de culebra,
no me hables, regresa a tu silencio
tonta conciencia.
desde mi hueso ausente hecho tu esencia,
yo te conozco como el viento que pasa entre mis muelas
cuando me aspirabas el aliento
donde sucumbían tus míseros besos,
aquellos que regateabas con preámbulos
de moralinas insípidas y malolientes,
de blasfemias de virgen corrompida,
de rana hechizada en princesa rana;
apenas un escalón más en tu evolución humana.
No me hables de amor ahora,
ahora que cayó el abismo sobre tus arrugas,
sobre tu escarcha acorazonada,
hiedra trepadora de desesperanzas
enredada en las piernas de cualquiera,
de cualquiera que se puso en tu ramaje,
en tu ramaje de hierba venenosa,
artera y seductora de ingenuos corazones
malolientes, corazones que engendraron
tu despotismo de diablesa.
No me hables, ya no te creo,
apenas siento surcar entre tus dientes
las palabras que se lleva el viento
montadas en nubes de cianuro,
tu auténtico veneno, tu esencia;
ya nada me asombra de ti
ni siquiera tu regreso hecho pureza
candela falsa de rubores
sobre tus sienes de culebra,
no me hables, regresa a tu silencio
tonta conciencia.
domingo, 1 de noviembre de 2009
Centuria de siglos
Lloverán ojos sobre la ceguera del mundo
el cíclope rey de los tuertos temblará,
alguien abrirá a la luz y se dará cuenta.
Sacará los muertos debajo de las alfombras,
los que fueron sepultados, obstruidos
en la necedad absoluta de ser impune.
Lloverá luz sobre la lluvia seca
de la selectiva aridez de la memoria,
del que recuerda olvidar cada día
que fueron tantos los que cayeron
la noche que apagaron la vida sobre la tierra,
acallando los libros y los cantos verbos.
Se limpiará el cielo de arpías conciencias,
enlodarán sus miserias en el lodo que excretaron
tantas vidas, tanto siglos cazando brujas
sumergiendo a entierros vivos los derechos
de suprema libertad, en adoquines de concreto,
sometiendo por la ignorancia de ser supremos.
Hablarán entonces las verdades de los poetas,
de los hombres y mujeres renacidos,
ya el tuerto no dominará el mundo
la lluvia de ojos será su castigo;
los de las conciencias esclarecidas, sin alfombras
serán el futuro de este mundo.
/ Antes de todo esto,
sucederán otros siglos de muertos vivos /
el cíclope rey de los tuertos temblará,
alguien abrirá a la luz y se dará cuenta.
Sacará los muertos debajo de las alfombras,
los que fueron sepultados, obstruidos
en la necedad absoluta de ser impune.
Lloverá luz sobre la lluvia seca
de la selectiva aridez de la memoria,
del que recuerda olvidar cada día
que fueron tantos los que cayeron
la noche que apagaron la vida sobre la tierra,
acallando los libros y los cantos verbos.
Se limpiará el cielo de arpías conciencias,
enlodarán sus miserias en el lodo que excretaron
tantas vidas, tanto siglos cazando brujas
sumergiendo a entierros vivos los derechos
de suprema libertad, en adoquines de concreto,
sometiendo por la ignorancia de ser supremos.
Hablarán entonces las verdades de los poetas,
de los hombres y mujeres renacidos,
ya el tuerto no dominará el mundo
la lluvia de ojos será su castigo;
los de las conciencias esclarecidas, sin alfombras
serán el futuro de este mundo.
/ Antes de todo esto,
sucederán otros siglos de muertos vivos /
Mil veces la misma historia
Olor a rancia tosquedad,
cajones cerrados
clavados por dentro,
hilos de telarañas escapan
por el ojo avizor de la cerradura,
arañas dormidas salen
bostezando su encierro.
/ la memoria en formol
ahogada en su lata /
Sabes que soy terco,
que no acepto ver morir la rosa
aunque el deseo de otros
terminará de igual manera con su vida,
segada y sumergida en un vidrio con agua.
Pero ella insiste en suicidarse cada madrugada
y mi terquedad la sostiene
lejos de los filos de hielo que cercenan su savia;
de plásticos ruidosos que envuelven su alma,
muerta por la tijera cuando es cegada.
Y ya es madrugada,
subo presuroso hasta su balcón,
ella parada sobre la baranda
trepada apenas, clavando sus espinas
desgarra su carne
y mi mano detiene su savia.
Se cierran las ventanas sobre las miradas.
/ antes que suba el sol,
regreso al cajón
sobre la misma telaraña /
cajones cerrados
clavados por dentro,
hilos de telarañas escapan
por el ojo avizor de la cerradura,
arañas dormidas salen
bostezando su encierro.
/ la memoria en formol
ahogada en su lata /
Sabes que soy terco,
que no acepto ver morir la rosa
aunque el deseo de otros
terminará de igual manera con su vida,
segada y sumergida en un vidrio con agua.
Pero ella insiste en suicidarse cada madrugada
y mi terquedad la sostiene
lejos de los filos de hielo que cercenan su savia;
de plásticos ruidosos que envuelven su alma,
muerta por la tijera cuando es cegada.
Y ya es madrugada,
subo presuroso hasta su balcón,
ella parada sobre la baranda
trepada apenas, clavando sus espinas
desgarra su carne
y mi mano detiene su savia.
Se cierran las ventanas sobre las miradas.
/ antes que suba el sol,
regreso al cajón
sobre la misma telaraña /
viernes, 30 de octubre de 2009
Dos noches, a veces
Hay días que no puedo
que todo me puede;
hasta levantar mis oídos para escuchar si aún lato,
si mi cuerpo sigue masturbando sangre
en una erección inacabable,
círculo vicioso
que se detiene en el último orgasmo
cuando la vida se dilata en contracciones
y se calla sin revancha posible.
Hay días con sus noches, dos noches a veces;
la que duerme en su albedrío de sueños
y la que desvelada debajo de la cama,
zamarrea mi trasero para decirme
despierta, ésta es tu noche,
quizás la última;
aún no es tiempo de cerrar los ojos
al silencio de la parca
que nunca reposa,
que sobrevive a todos los sueños,
a todos los estigmas que se escriben en su guadaña.
Hay noches con sus días
que se continúan iguales de oscuros,
hasta tenebrosos con sus sombras
que persiguen lagartijas,
mis lagartijas de calcinados soles
que salpican sus pies sobre calientes piedras,
donde me suelo acostar
cuando se enfrían mis escamas
y se llena de escarcha la entrepierna de mi sino,
que ya no eyacula sueños
ni siquiera intentos a mano alzada.
que todo me puede;
hasta levantar mis oídos para escuchar si aún lato,
si mi cuerpo sigue masturbando sangre
en una erección inacabable,
círculo vicioso
que se detiene en el último orgasmo
cuando la vida se dilata en contracciones
y se calla sin revancha posible.
Hay días con sus noches, dos noches a veces;
la que duerme en su albedrío de sueños
y la que desvelada debajo de la cama,
zamarrea mi trasero para decirme
despierta, ésta es tu noche,
quizás la última;
aún no es tiempo de cerrar los ojos
al silencio de la parca
que nunca reposa,
que sobrevive a todos los sueños,
a todos los estigmas que se escriben en su guadaña.
Hay noches con sus días
que se continúan iguales de oscuros,
hasta tenebrosos con sus sombras
que persiguen lagartijas,
mis lagartijas de calcinados soles
que salpican sus pies sobre calientes piedras,
donde me suelo acostar
cuando se enfrían mis escamas
y se llena de escarcha la entrepierna de mi sino,
que ya no eyacula sueños
ni siquiera intentos a mano alzada.
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