domingo, 9 de mayo de 2010

Todo sigue como entonces

Volver y subir al viejo altillo
al mismo encierro de vetustas paredes
revoques de siglos, grises, austeros,
ahogando el frenesí de alguna vez estar vivo,
aislando en costras de piedra
los caminos recorridos.

Retomo las páginas con versos re manidos
agravo la historia, solvento el regreso
con poemas sin sentidos.

Todo sigue como entonces:
las manos huecas por donde escapa el aire
la esencia lastimosa del poeta herido,
hasta tu breve viento sigue siendo el mismo;
roza mis sienes, escapa raudo al menor suspiro.

La misma noche, la misma espera,
la brevedad de abrazos dibujados a tecla limpia
rosas de papel amarillando al desconcierto;
no fuimos complementos, apenas roce de palabras
hilvanadas en el tedio de estar solos.

Fui el tiempo breve del beso del viento
en la paleta austera de tus grises,
luego fuiste ausente, llevándote mis versos.

He vuelto, todo está como entonces
hasta el gato colgado del perchero
el de las cien vidas que mira mi regreso
y me dice con sus ojos muertos:
No huyas más, tu infierno está adentro.

jueves, 15 de abril de 2010

Antiguas calles invisibles

La torpeza de las palabras
las que no dicen nada, sólo segregan rudezas
a unos versos que quisieron hablar de amor
de justicia, de niños en cuentos
de delirios surrealistas
de llantos
saliendo como lamentos,
disparados por el hastío
hasta el blanco hueso de una arquitectura
que no lee nada más que un montón de letras apiñadas.

Cada palabra dicha es una muerte más que anda
y cada muerte es el comienzo
de una despedida interminable,
la que quiero alcanzar
cuando mis embriones estén llenos de letras sueltas
cuando acabe el período fértil de un ingenuo poeta,
inventor de amores en baldosas
de cascadas de aguas de cocos
de quintos de luna sobre un balcón
sobre un agosto muerto
de alas de rosa
de ruedas de piedra estrujando memorias;
de un sueño acabado en calles invisibles
de pequeño príncipe y calabazas.

Voy tras mis futuros pasos,
arrancando los caminos dejados atrás,
vírgenes de amores,
fecundados y muertos por las huellas de las lluvias
acomodando mi silueta contra el viento
para que no se filtre en mis ojos
y desprenda en llantos sobre el olvido
los recuerdos inmolados.

lunes, 12 de abril de 2010

La necrosis de los días

El parlamento de los días,
los reclamos oscuros y ácidos de sus voces,
apenas audibles en su apnea
en el esfuerzo por no respirar el sucio aire
que contamina y oxida los relojes.

Trazando círculos viciosos,
esquivando baches en la vereda,
pasa un átomo de oxígeno, emborrachado de smog,
su palpitar asfixiado gangrena la sangre
y un espasmo estrangula su garganta.

Y el humo que baja, ya no respira;
está tan denso el cielo
que llueve plomo sobre los días.

martes, 30 de marzo de 2010

Los finos hilos de la vida

Si se agotara el aire;
si un hueco negro
horadara mis pulmones
y escaparan las moléculas,
los estertores amnésicos,
los finos hilos de la vida.

Si me quedase ciego
y el sol quemase mis entrañas,
y el amanecer dormido
ya no elevara el diafragma
y no subiera el aliento
hasta la luz de los ojos.

Si caminar fuese dolor
y el dolor encalleciera los huesos;
si la brisa en mis oídos
inclinara el equilibrio
hasta tocar el suelo con la espalda
y el cielo con la lengua.

Si los versos recurrentes
se resistiesen a escupir sombras
y hubiera un vacío obsecuente
que derramara la lámpara;
si se acabasen los recuerdos
entonces, comenzaría a vivir.

viernes, 26 de marzo de 2010

Re-generación

Pintaron mis calles,
llenaron sus banquinas de señales.
La médula gestora
trazó mis destinos;
sopló un nombre a mi oído,
habló de un dios abstracto,
calzó dos zapatos derechos
para no desviarme del camino.

Hoy transito descalzo
borrando lo escrito.
Mis ojos siguen
improvisándome.

miércoles, 24 de marzo de 2010

Azul

Lo viste caer,
no viste morir sus ojos.

Una lágrima seca bebió al sol
y un batir de plumas agitó el aire;
buscaba el eterno azul,
la luz final donde descansan
los pájaros que mueren.

lunes, 22 de marzo de 2010

Desde entonces

La noche abrió un ojo
y un destello negro
cercenó mis palabras.
Todo es negro desde entonces.
La boca que deglute,
las gargantas del miedo,
las orejas de los fantasmas;
viajan en el mismo tren.

Desde el último peldaño del andén
resbala un corazón desteñido
hacia los rieles de la noche.
Sin diástole ni sístole
late un sueño muerto
en coma cuatro.

sábado, 13 de marzo de 2010

Hablando con los muertos

Cuando ya sea mío el óxido de la tierra,
la tarde nefasta con sus duendes negros,
los que juegan a enarbolar lanzas de piedras
sobre un centro de carne arrugada
poblada de tubérculos de tierra contaminada.

Cuando sea el gusano de la fiesta,
de la sabrosa carne rapiñada debajo de lápidas;
las mutantes sombras harán el resto
ocultando el silencio de los muertos,
nuestros muertos,
los que murieron y morirán después del ocaso verde
musgoso del tiempo.

Entonces llegarán las alabanzas, las loas plañideras,
las que nunca en vida se dijeron,
porque es más sencillo hablar con muertos.
Cuando vengas con tus cirios, con tus falsas lágrimas
sembradas de desconsuelo,
entonces sabré que morir fue el mayor acierto.

viernes, 5 de marzo de 2010

El silencio de los escombros

Extraño tiempo;
noche clara, día oscuro, mañana quién sabe.
Quizás un sismo sin magnitud borre la esperanza
y la vida sea un lance de dados
sobre una montaña de cráneos mutilados.
Tiembla la tierra
y los pies del árbol no pueden correr.

Se aplasta la copa y el labio roto
sangra mutilado;
ya no habrá besos de chocolate
en el desayuno
ni muñecas columpiando en las hamacas.
Perece el instante al instante;
silencio debajo de los escombros.

Se acomoda el núcleo,
se desacomoda la vida
amalgamados
en la muerte.

¡Corran, viene por más!

Insaciable tierra.

lunes, 22 de febrero de 2010

Tonterías medievales y cascos rotos

Trapezoidal movimiento de pies,
rombo inestable y desequilibrado,
un falso dos por cuatro
de ocho lados desiguales,
dos dedos de alcohol al filo del sombrero.
Afuera Malena canta un tango *
detrás de un arlequín de fango,
y el Cuartito azul** apaga sus luces dos instantes antes
del sollozo del alba, que no perdona
las malas rimas del alma.

Tonterías medievales
cascos blancos rotos por el verdugo tiempo;
la frente marchita que ya no vuelve
como tampoco vuelven los balcones con geranios.

Pasa, detrás de la carroza, el funerario.
Su atiborrada valija de lápidas a pedidos,
de epitafios dibujados en hojas de bronce
oropel de los muertos, sin olvidos.

En el epígrafe de la polaroid una pluma escribió:
“Hoy no creo ni en mi mismo,
todo es grupo, todo es falso,
y aquel, el que está más alto
es igual a los demás...” ***


*Malena - Homero Manzi
**Cuartito azul - Mario Battistella
***Las cuarentas - F. Gorrindo

viernes, 19 de febrero de 2010

Tantas cosas que no entiendo

Límites, calles cortadas y anegadas
en la vorágine del tranvía, del tiempo efímero.
Los ojos desorbitados buscan la calma
el norte que lo guíe hasta su centro.
Han pasado tantas huellas debajo de sus zapatos,
tantos chicles pegados en la vereda
que teme mirar al cielo, por si acaso
quedar varado.

Fueron las paredes quebradas las que hablaron
con sus grietas de escarnio.
Le dijeron con grafitis
¡Basta, no te sigas lamentando!

Camina, camina, anda de pies descalzos,
contágiate de la tierra, sus relieves, sus piedras en los caminos,
magúllate los dedos tropezando,
pero camina, camina, sigue andando.

Yo y mi silencio blanco.

Hay tantas cosas que no entiendo;
tantos negros presagios,
tantas oxidadas esperanzas,
contradictorias afonías
que hablan de un fracaso, de un sino oscuro, trasnochado.

Los límites redondos, siempre volviendo, rotando
sobre un eje descentrado,
mi silla de tres patas y un libro en blanco
bitácora de vuelo de un ave momificado.

Yo, mi oído sordo, mi silencio blanco
y tantas cosas que no entiendo…
tantas cosas que no entiendo…

domingo, 14 de febrero de 2010

La inutilidad de tu mezquino y abstracto yo

Soy el silencio,
el que deja de hablar para escribirte,
balbucear incoherencias desde un púlpito necio,
desde el cerrojo imbécil de tu lengua
que se niega, se retrae impunemente
hasta ser descifrado por un word
y sus malditas correcciones.

Un error haciendo catarsis,
magullando con dientes la piedra,
el basamento de tu yo inútil y abstracto.

Se corta el talón de Aquiles de tus miserias,
cae arrumbado entre los pies,
los crudos y desnudos pies de un gigante,
el que observa abstraído por mi risa,
la risa incomprensible de tu miedo.

Soy la honda certera de la palabra,
el proyectil disparado desde adentro
¡No huyas cobarde!

Abre el flujo de la sangre,
corroe el senil abandono estéril a los fracasos;
el estúpido amor altera tu libre albedrío
pero no lo mata.

martes, 9 de febrero de 2010

La irresponsable muerte de la culpa

Inexistente el vínculo
aferro eufórico sin saber
de la corta cadena de infortunios;
cada eslabón es un peldaño
hacia una bocanada de aire puro.
La primera y última.

Ya no pertenezco al ser natural
soy presto nonato advenedizo
de un útero de migrañas excitadas
e irresponsables.

Por los ojos, una vagina me escupe
como un vestigio casual-causal,
un orgasmo acelerado sin control,
restos de futuros inmaduros.
Un instante soy, otro no estoy;
perezco entre los dos últimos segundos
de una cobardía.

Y el mundo sigue andando
entre bombas y festines
en la franja del miedo,
del medio
indiferente.
Un instante fui.
Nadie me lloró.

domingo, 31 de enero de 2010

Eutanasia del espantoso abandono

Digo la muerte como digo amor vacuo,
ambos merecedores de ser vividos
en la eutanasia del espantoso abandono,
del exilio de las salidas,
del ocultamiento del mar calmo en retirada.

Nadie más que la muerte y sus mezquindades
y sus pájaros negros de garras negras
sujetando mis hombros,
alentando un suicidio progresivo
sonriendo debajo de la cama.

Te recuerdo fría y patética
en la abducción por tus esfínteres mugrientos:
de las señales de tránsito, las coordenadas,
los vericuetos de las posibles huídas
y sus inútiles manuales cartográficos.

Digo la vida como la piedra fundamental
de un sinsentido maremoto sanguíneo,
injustificado y malignamente necesario
para poder alcanzar la dignidad de la muerte
de la oprobiosa esperanza.

Y rememoro entonces las luces, vida y muerte
en puja constante en mi torpe y libre albedrío.
En la niebla, una sombra con capa
desdibuja un tajo de guadaña sin misericordia
mientras el viento se lleva mis cenizas;
inexorablemente.

lunes, 25 de enero de 2010

Por lo absurdo de mi risa

He reído por el simple hecho de reír,
absorto de mi,
absurdo de mi,
necio de mi.
Afuera, en la calle; una niña vende su risa.
Ya no río,
mañana tampoco ella reirá.
Necio de mi,
por lo absurdo de mi risa.

viernes, 22 de enero de 2010

Absurdidades

Me he dicho tantas veces
que soy el déspota de mi vida,
el tirano de piedra y aceite caliente,
el francotirador asesino de luceros,
por ajusticiar los días de posibles abulias
o de efímeras y estúpidas victorias
logradas desde esta miserable silla,
victima también de mi aletargado proceder.

Y no se equivoca mi pereza
cuando insulsa se lastima, diciéndose
entre dientes apretados
que la sarta de fracasos es tan amplia
como las auroras boreales,
que contrariando a la oscuridad
se llena de colores y de cielos
mientras que ella duerme aburrida de si misma.

Y lo curioso de este estío prematuro
casi diría nacido en la cuna de un vientre,
es su omnipotencia, su terquedad de suicida,
de insurrecto y clandestino cobarde
que aun sabiéndose congelado en vida
sigue en su proceder abstracto y de final previsible.
La nada absoluta y estridentemente implosiva.

En este instante, que se me agotan las palabras,
sigo sin comprender a esta sangre adormecida
que apenas entibia los dedos y la lengua
para decir tantas vacías y re manidas frases
de apología al auto abandono,
al suicidio masivo de ideas o de escaleras
que suban hasta el primer subsuelo al menos,
ya que tocar un primer piso sigue siendo utopía,
una absurda y estúpida utopía.

miércoles, 20 de enero de 2010

Con estrellas en los ojos

El perro de la plaza
se parece a mis ojos,
desiertos como un arenero
en días de lluvias;
sin niños,
sin nanas cuidándolos
ni árboles ni sortijas;
todo se filtra en sus horizontes,
hasta la pendiente del caracol lento
que deriva sobre su vientre,
sobre su paciencia
sin la ansiedad del viento.

Él me encuentra cada noche,
cada paso transcurrido,
cada gorrión ausente,
cada orgía de insectos entre la grama.
Yo lo acuno en mis ojos,
en mis manos de abandono
y me vuelvo sus miedos,
sus espantos de tranvías,
de frío bajo la noche indiferente
de las pedradas de la vida
de su vida de perro no elegida.

Y soy también perro buscando su amparo;
dos caminamos la noche desierta,
dos desiertos
con estrellas en los ojos.

miércoles, 13 de enero de 2010

Ojos de lluvias marrones

Lo he buscado,
en el retoño amanecido
de un desayuno de cascarilla y leche,
en la planicie de un silencio.
¿Qué habrá sido de él?
¿Lo absorbió el olvido?
¿Se desprendió en retinas?
Ni la farsa ni el mimo
lo devolvieron
a su origen;
al añejado origen.
¿Será que duerme verde perenne
recostado a un giro de trompo?
Ni vestigios de bruma
de su bruma amarillenta
en los puertos de sus ojos.
No en las grúas de los trenes
de su infancia de andenes
de su solitaria inmadurez púber.
Lo he buscado en las huellas
de una honda al cuello
atravesando siestas,
soledades calientes.
Detrás de los espejos
de ríos de cunetas,
tras las marrones lluvias
tras las redes de mariposas
salpicando barro de charcos,
ahogado quizás
en su maravilla de juegos
sobre una antigua esperanza
de manos abiertas a las manos
de potreros y rebaños.
Lo he buscado,
y encontré a un niño
con ojos de lluvias marrones
con el rostro apagado entre sus manos.
Entonces lloré.

martes, 12 de enero de 2010

Daniel; un hombre extraño

Soy el carruaje calabaza
que a la medianoche sigue siendo calabaza.
Los ratones se murieron de viejos
intentando romper el hechizo.
El zapato de cristal sólo fue un zueco holandés,
absurda y abstracta semiología.

Mi medi-tación terminó al me-dio de mi neurosis,
preciso instante en que los ratones resucitaron en caballos
y asustados por mis alaridos se lanzaron al vacío
desde un décimo subsuelo.
Perdona, no tengo tiempo para el cansancio.
El cansancio no me permite tenerlo.

No estoy loco, apenas comienzo mi crucigrama,
no es fácil deletrear jeroglíficos debajo de las dunas.
Dos vertical; palabra simple, razonada, cruel, seis letras:
LaVida

Se va mi calabaza, se lleva dos princesas con ella,
la tercera duerme bajo mis axilas.
El zueco encontró su horma,
una aprendiz de reina: Blanca Nieve, mujer pura.
Se montó el calzado, se convirtió en duna.

Ya soy arena, pies descalzos me caminan,
ratones disecados escapan de mi cabeza,
se suben a la carroza guiada por las princesas.
La noche duerme en mis ojos despiertos;
afuera llueve finito; adentro llueve a cántaros,
mi paraguas se ha roto; vencido por las arenas.

Ya no sé quién soy desde que mi calabaza se durmió
exactamente a la medianoche; hora de brujas;
hora de volver a ser quién nunca fui:
un hombre extraño.

domingo, 10 de enero de 2010

Sin identidad

Es el hueco del árbol
que esconde sus agostos;
el nonato de identidad
tan hueco como su tronco.

Morir parado
en el suicidio de árbol viejo,
reabsorbiendo sus raíces
secas como sus nidos.

La última hoja cayó
hace más de tres lustros
y son ruidos sordos los respiros.

Se secó su centro
y sus círculos desparramados
en manos del verdugo tiempo
se volvieron trofeos de la tierra.

Hueco su tronco, su nombre,
sus nidos abandonados.

La estirpe de sus raíces amputadas;
sin identidad.

martes, 5 de enero de 2010

Tras las lluvias de infiernos

A partir de hoy nada sucederá;
nada.
El futuro desapareció
desmaterializado en su víspera:
hecho polvo
hecho viento.
Sólo sobrevive la sortija sola
y los caballos de la noria;
sin jinetes,
sin más vueltas
con chirridos.

Ya no hay niños en los nidos.

La esperanza, sin manos
que asen la sortija,
se fue en un caballo de fuego
tras la última lluvia
de infiernos.

Y el viento y la lluvia
y las cenizas,
y los caballos rojos sin sonrisas
desmaterializan la esperanza.

Luego del estallido
de las bombas,
de la estúpida humanidad.

jueves, 31 de diciembre de 2009

Curvatura natural

Sigo las huellas; es el agua cantarina que me llama.
Son los pasos abandonados en la huída,
los muertos inesperados,
las sierpes enajenadas de los recuerdos secos;
el vetusto árbol anunciando el otoño de la vida.

Veo la luz desarmarse desde los ojos;
los amarillos turgentes desde los limoneros,
los rojos furiosos desde las cerezas de los labios,
el azul antártico de los verdes cipreses
que ya no cortan vientos ajenos.

Se desgasta la vara guía que sostiene,
que retiene la inclinación natural hacia la caída.
Se encorva el árbol que cae…que cae.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Noches y días circulares

Es la hora insostenible, la metafísica del tiempo,
cuando el trino calla sobre la montaña
y los dragones dragan la desesperanza.
Cuando deviene el río que va trepando
menguan los diques callados de castores
y los chillidos de colmillos sobre la madera
anuncian las muertes de los pinos.

Son mis pies entonces que tiemblan
y mis dedos que rechazan crepúsculos sostenidos
del fino cristal de una gota congelada,
en la rama de otra aburrida encina.
Los vivos mueren y los muertos recuperan el habla
justamente cuando la insobornable noche abre
pisando la alfombra negra sin dar revanchas.

La cruz del sur se atraviesa en la garganta
y los puntos cardinales se confunden, se mixturan
y todo perece en las formas de un teorema,
de la hipótesis inconclusa del pánico,
del resistir sobre la roca trasnochada
alcohólica y vehemente, sin redes
que detengan la inconsistencia del ser.

No hay regreso entonces; las vías se cierran
en círculos y todo recomienza a la hora exacta
en el preciso instante de los relojes agotados,
de la esencia mutante, de las ranas en los pozos
que croan al cielo en los aljibes de piedras.
Y soy un batracio más, sumergido en la bruma,
náufrago anónimo en la misma inundación.

jueves, 24 de diciembre de 2009

Hoy, quizás mañana.

Intento la horizontalidad de la pendiente
para que no siga cayendo;
igual cae
por su propia gravedad.

Me aplasta oblicuamente
sobre el bisel de su filosa caída.
Recién entonces comprendo:
ya no pesarán mis fracasos.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Ayer, el día, no sé...

Los muebles/ los libros/ un candelabro sin velas
certifican los estadios del tiempo;
la quietud de las plantas de plástico
en una maceta también de plástico
vegetan la no vida, la inexistencia de un flujo de sangre;
sólo mis gatas con sus suciedades
justifican el movimiento de mis pies:
la estúpida rutina de retirar sus excrementos.
El resto es harina de otro costal.