miércoles, 21 de julio de 2010

21 gramos

La noche abrió la boca
y saltaron esquirlas de vómitos mezquinos,
injuriosos; hediendo a repugnantes celos
sobre la delicada memoria que te habita,
llenando de gérmenes mutantes
escupidos por el odio artero
por la inquina del farsante;
entonces formateó tu mente
olvidando lo vivido,
sepultando en dudas los versos enamorados
los besos del alma
la desnudez de los vocablos que te vistieron de abrazos
en la sobria distancia
en la piel dibujada por cántaros de lluvias,
aquellas antiguas lluvias
las que esta noche cruzaron el puente
para volver a llover en mí.
Y la mácula dudosa, inexistente, se volvió injuria en la piel
donde antes habitaba la pura expresión del alma;
y los siempre temblaron
y el amor sonó a mentira
a lágrima de hierro
a látigo de lengua sobre la confianza
que se astilló y dejó las huellas,
la costura insalvable,
el puente levadizo que no cierra
desde el instante que el odio abrió su boca
y se tragó todo un sueño
como un frágil castillo de naipes.

sábado, 10 de julio de 2010

Nadie vendrá a regar las flores

Doscientos siglos abren los ojos
¿Cuál de ellos pisará esta noche
la lánguida esperanza sin sol,
que subyace, que besa la presta tierra?

Derramarán los ojos en las tumbas
las coronas y sus espinas recias que enmarcan el adiós,
el definitivo artilugio de escapar de la vida;
esa mentira tan absurda como absurdo el beso muerto.

Nadie estará allí, abundarán los ausentes,
la tierra ocultará el último rostro
ahuyentando los fantasmas con sus trampas.

Alguien dirá: que fue desdicha de un amor,
otros, que apresuró a buscar la excusa;
nadie verá en mis vertientes de arrugas
derramar la sal amoratada,
porque hace tiempo he podido prescindir
lo inalcanzable, lo superfluo de amar
por la simple y efímera carne.

Nadie vendrá a regar las flores que no crezcan
porque partiré sin avisar, sin mendigar abrazos,
a muchos molestará esa indiferencia,
necesitan ser testigos del dolor
y decir en murmullos ¡Te lo dije!
Llégate a casa y me cuentas;
quizás alguna de estas noches
si mi vida loca me permite,
tomaremos cerveza y hablaremos como amigos,
como entonces, cuando éramos apenas gérmenes de sueños,
aquellos que no sabían de miserias.

Doscientos siglos, a quién importa;
si para que me escuches tengo que dejar mi testamento
mi derroche de nada sobre esta mi última morada;
afuera han quedado fantasmas,
ellos buscan otro cuerpo,
puede que el tuyo, en otro espacio, en otro negro siglo.

viernes, 9 de julio de 2010

¿Verdad que todo es mentira?

La mentira miente,
dice que hay un sentido oculto detrás de su palabra
y es verdad,
es tan cierto como su mentira
como la trampa de palabras
que engañan
que timan
¿Y quién puede dudar de ella
cuando dice que miente?

La verdad asiente
la mentira duda,
no cree en su absolutismo
en su objetivo concepto
y tiene razón,
su verdad no convence;
hay más de una verdad detrás de cada mentira.
¿Verdad?

Quizás las dos mientan
o ambas digan sus verdades,
lo cierto es que no creo ni en mi sombra;
ella dice que me sigue siempre
pero de noche no la veo
se oculta entre las sombras
se pierde, se confunde,
abolida su razón
se niega y luego aparece
cuando un rayo de sol,
un impoluto gemido adiamantado
disgregado en mil colores
la tiñe de arco
luego de la lluvia.

En confianza (entre nosotros digo)
¿Verdad que todo es mentira,
que la mentira es la paleta de colores,
el placebo del iris revolucionario de paz,
que la mentira es el hambre en las calles,
en los estómagos de los libros,
en el profiláctico condón
que legaliza el crimen organizado de la vida?

No creo en mi verbo,
en este absurdo delirio suicida,
pero no es mentira, aunque no sea verdad:
soy la inferioridad numérica de mis yoes
ellos sí dicen la verdad,
sus tantas verdades sobre mi persona
que hasta me parece mentira
haber transcurrido tantos siglos
alimentando una utopía.

martes, 6 de julio de 2010

Alguien gritó en la noche

Presta oídos, escucha,
alguien gritó en la noche,
quizás el viento o algún fantasma
con hambre de un cuerpo.

¡Gime! ¿Oyes? ¡Es un lamento!
viene calando hondo el terco silencio
y galopes de briosos caballos
aterciopelan el aire de relinchos.

¿Será la conciencia del hombre
buscando albedrío,
la finitud de la pena
la boca del laberinto,
el agua bendita que calme la sed
y lave el barro de entre sus dientes?

Imagino que lo toma la muerte,
que en sus manos mugrientas
sostiene en equilibrio
la fe inconclusa del guerrero herido,
y estocadas certeras laceran su miedo
y un río infinito de lava ardiente,
proyecta injurias sobre su cuerpo.

Yo no sé, pero el aire sabe a brusquedad,
a maltrechos horizontes
sangrando en velas de fuego,
en olas de azufre, mal oliendo,
mientras un beso de muerte
amargo como la vida,
sacude el istmo de su pecho;
entonces también grito,
grita conmigo,
gime al silencio la magnitud de las palabras,
del dolor;
la esperanza del hombre partido.

viernes, 25 de junio de 2010

La sutura

La sutura
dura, inmóvil, cerrada
allana la herida
cierra firme el grito,
afuera la costra
sostiene la huída
el flujo sanguíneo
que no mane, que sea menos;

ayer la hoz
hoy la palabra
ambas cegando el habla
la planicie del espanto
del amor cegado
eunuco
impotente
visceral
vomitivo.

Cada punto un ruego
un desatino.
Me dices,
ayer eras sangre hoy vino:
mareas
obnubilas
perforas
resaca menstrual
de mis noches.

Entre dos paredes
dos rostros aúllan
rebotan
revientan
sangran llantos
suturan
tejen
castran un amor
sin piedad;
el odio fue más fuerte,
nadie sobrevivió a la emergencia
en la sala de espera.

lunes, 21 de junio de 2010

Como a ellos

Descolocado loco
locura indecente
¡Indecente!

Cordura esquizofrénica
disloca las abulias
desarregla la isquemia
la zoofrenia del disloque.

Locos de cordura
incordios de cuerdas y de voces
la mente desglosa
la voz escupe saetas
delira desde la in-cordura
loco yo por ser poeta
asceta indecente
chaleco de-mente.

La pared no entiende
se desploma
choca la in-mente
loco libera la palabra en la lengua
y lacera la cuerda estupidez
que se vuelve loca de cordura
no comprende
muere necia, ciega, cuerda
estúpidamente cuerda.

El loco sonríe…
nadie lo encarcela.

domingo, 20 de junio de 2010

La finitud del círculo

De su nudo -la boca-, lloró el árbol;
lo vi entre dos quiebres caer madera
horqueta herida teñida de rojo,
cascada hecha resina.
Cayó sin caer, muriendo de pie.

Y no olvido su llanto ni sus anillos de recuerdos,
siglos cubriendo soles
escarchas desveladas en genética circular:
hacia arriba, ensanchando copa
hacia abajo, reabsorbiendo raíces,
pariendo brotes de futuras maderas;
las hijas de sus hijos,
la misma savia dolorida, la misma angustia.

He visto a mi padre,
en el tajo de la vida por donde entra la muerte;
la muerte de la sangre, el último apellido de su estirpe,
es decir, los hijos de sus hijos, que no serán.

lunes, 7 de junio de 2010

Tu terco y lento suicidio

Como tantas veces, me he acercado a ti
revolviendo lo eternamente revuelto;
las palabras inconsistentes, los verbos.
Planté geranios en tus manos y un sol,
para reconocerte en ellos.
Como tantas veces.

Como tantas veces; ultrajé mis ojos
humillado a un desatino,
y un perdón inequívoco al aire
se esfumaba en los silencios.

/Eres necia, rencor de piedra,
lámpara sin deseos apagándose
en los suspiros del viento;
viento viciado de dudas,
las mismas dudas.
Como tantas veces/

Como tantas veces; tu boca de hiedra
lanza dendritas sobre mis paredes
trepas reptando como sierpe
clavas espinas y luego huyes.
Como tantas veces.

/Me duele verte morir, despacio,
secándote sin treguas;
suicidándote los ojos, la lengua, la sonrisa
contra mi angustia que se queda/

También me suicidas,
como tantas veces.

martes, 1 de junio de 2010

La nocturna siesta del poeta

He pensado enmudecer
buscar el atronador delirio que subyugue
la garganta, las formas de la desesperada razón,
absurda razón: la aurora próxima.
Veinticuatro círculos, dos agujas de hielo
la abertura roja de las venas
y los cuerpos heridos sin la luz.

/He pensado, no sé, quizás verte clara
detrás de tu bipolar presencia
lamiéndote las heridas
sorbiendo las míseras y escuetas paredes
de tu negra conciencia
¡Oh! Noche/

Mi locura trasvasa los umbrales
se acurruca en el vientre del temor
en la fragilidad del brillo de las lágrimas
antes de la muerte del rocío.

Es la aurora desgastada
cambiante de luces parturientas,
difamando al nacimiento del día.

Por fuera del pulso, el holocausto matinal
la desfachatez de tantos pasos vacíos,
auguran la nocturna siesta del poeta
que duerme sobre lápidas sin memorias
ni fechas de caducidad.

miércoles, 26 de mayo de 2010

Cuando el tiempo gima en las bisagras

Puede que no me veas
tejer memorias por millones de auroras
y cortes leña de mi árbol sin darte cuenta,
y caigan los gajos de madreselva
enredados en los brazos de la espera.

Preguntaré entonces al gato cojo
si te vio subir en la azotea,
quizás sin darte cuenta
tomaste el tren equivocado,
el de la vieja travesía de paisajes,
de los mismos sitios,
nuestros antiguos niños extraviados
en la fuente de los sueños.

¿Te acuerdas la palidez del sol?
¿La escarcha de la hamaca?
¿La ruta del tranvía hacia el cielo?
Había entonces medialunas de queso
y la sonrisa de un payaso
dibujaba gorriones
sobre su sombrero.

Sólo cuando el tiempo gima en las bisagras
miraré el reloj y te sabré volviendo.
Encenderé la luna
sacudiré el polvo de las rosas
sumiré en zumo de uvas las cerezas
y pondré el mantel sobre la espera.

Te veré llegar desnuda
con la sonrisa como vestimenta
simple y bella como esfinge,
reluciente lunar de estrella.

Cuando bajes a la tierra
desde tu efímera gloria,
pisarás mis huellas,
te sentarás conmigo y te leeré un poema,
hasta quizás una lágrima de esperma
fecunde el anhelo abandonado
cuando murieron los gorriones
y la ajada rosa de mi sombrero
se deshojaba por dentro.

martes, 18 de mayo de 2010

No hablo por mi boca

No hablo por mi boca;
mi boca es más muda que una tregua
que un archipiélago de ojos muertos
en una frente de estatua-piedra.

No reconozco en mí
las planicies de la monotonía
ella sí habla pero no la escucho
me aplasta las orejas con sus gritos
¡Cómo grita!

A veces recurro al espejo,
artilugio volátil, instantáneo como rayo.
Mi voz rebota en esos ojos
delatando mi ausencia
la transparencia absoluta;
desintegrado, sometido a la abulia recurrente
de esconderme tras las pestañas de una sombra.

Y es cuando apareces
repliegas los bordes de un pasado
te zambulles entre mis costillas
practicas un forceps que aborta mi in cordura
expulsando las antiguas vigilias encarnadas.

Y me posees; plenitud absoluta, íntegra
hasta que los esfínteres del alma se relajan
absorbiendo toda mi noche en un solo de besos
en un concierto de preámbulos nocturnos
iluminando la llanura del silencio.

Flaquean los trazos, los esbozos genéticos
que mutan desde un muerto a este tiempo
eres bálsamo entre páramos
violadora transeúnte de mis espasmos
cuando el abrazo del deseo
sucumbe los cerrojos de mis miedos.

Te adueñas mujer, de cada gajo invertebrado
de toda raíz embutida en mis grietas
fertilizas en savia las ocultas historias
las que narran la paz entre guadañas
las de las termitas corroyendo mis fibras.
Soy por gracia y obra de tu esencia
plenitud extemporánea sacudiendo la modorra.

Calla entonces la noche y se pregunta
¿Quién se apoderó de las auroras?
¿Quién se adueñó de tu muerte?
Y me dejó sin el hambre de saberte
sin tu mísera existencia entre mis garras.

Tú sonríes mientras juegas con mis sueños
te sabes dueña y señora
patrona de un infierno
y te acuestas con la muerte, con mi muerte,
que no tiene escapatoria.

viernes, 14 de mayo de 2010

Abstracta mujer de piel y formas

Sólo tú me habitas
vida austera, roca negadora,
egoísta ceguera,
abstracta mujer de piel y formas;
nada pregonas fuera de tu cuerpo
más que la pared que te gobierna.

Y subes como viento de montaña
atravesando la cresta,
revolviendo el polvo áspero de su cuesta
que cuesta sostener aferrado a la tierra;
el árbol perenne
que asido a tu sombra
se aferra a las manos que te ahogan,
las distrae para que no aprieten
y corten tu vida que se entrega
pero tú, tú miras al poniente
en ceguera obsecuente,
miras el camino más corto
al precipicio
al beso fatal de la muerte.

Mira mis raíces impotentes
balancearse al viento de los miedos
al temor de caer cuando caiga tu cuerpo
y las ramas se quiebren sin poder sostenerte.

Sólo tú me habitas mujer
mediando entre el infierno y el cielo
nada hay más acá, toda la nada
acumulada en mis sienes.

domingo, 9 de mayo de 2010

Todo sigue como entonces

Volver y subir al viejo altillo
al mismo encierro de vetustas paredes
revoques de siglos, grises, austeros,
ahogando el frenesí de alguna vez estar vivo,
aislando en costras de piedra
los caminos recorridos.

Retomo las páginas con versos re manidos
agravo la historia, solvento el regreso
con poemas sin sentidos.

Todo sigue como entonces:
las manos huecas por donde escapa el aire
la esencia lastimosa del poeta herido,
hasta tu breve viento sigue siendo el mismo;
roza mis sienes, escapa raudo al menor suspiro.

La misma noche, la misma espera,
la brevedad de abrazos dibujados a tecla limpia
rosas de papel amarillando al desconcierto;
no fuimos complementos, apenas roce de palabras
hilvanadas en el tedio de estar solos.

Fui el tiempo breve del beso del viento
en la paleta austera de tus grises,
luego fuiste ausente, llevándote mis versos.

He vuelto, todo está como entonces
hasta el gato colgado del perchero
el de las cien vidas que mira mi regreso
y me dice con sus ojos muertos:
No huyas más, tu infierno está adentro.

jueves, 15 de abril de 2010

Antiguas calles invisibles

La torpeza de las palabras
las que no dicen nada, sólo segregan rudezas
a unos versos que quisieron hablar de amor
de justicia, de niños en cuentos
de delirios surrealistas
de llantos
saliendo como lamentos,
disparados por el hastío
hasta el blanco hueso de una arquitectura
que no lee nada más que un montón de letras apiñadas.

Cada palabra dicha es una muerte más que anda
y cada muerte es el comienzo
de una despedida interminable,
la que quiero alcanzar
cuando mis embriones estén llenos de letras sueltas
cuando acabe el período fértil de un ingenuo poeta,
inventor de amores en baldosas
de cascadas de aguas de cocos
de quintos de luna sobre un balcón
sobre un agosto muerto
de alas de rosa
de ruedas de piedra estrujando memorias;
de un sueño acabado en calles invisibles
de pequeño príncipe y calabazas.

Voy tras mis futuros pasos,
arrancando los caminos dejados atrás,
vírgenes de amores,
fecundados y muertos por las huellas de las lluvias
acomodando mi silueta contra el viento
para que no se filtre en mis ojos
y desprenda en llantos sobre el olvido
los recuerdos inmolados.

lunes, 12 de abril de 2010

La necrosis de los días

El parlamento de los días,
los reclamos oscuros y ácidos de sus voces,
apenas audibles en su apnea
en el esfuerzo por no respirar el sucio aire
que contamina y oxida los relojes.

Trazando círculos viciosos,
esquivando baches en la vereda,
pasa un átomo de oxígeno, emborrachado de smog,
su palpitar asfixiado gangrena la sangre
y un espasmo estrangula su garganta.

Y el humo que baja, ya no respira;
está tan denso el cielo
que llueve plomo sobre los días.

martes, 30 de marzo de 2010

Los finos hilos de la vida

Si se agotara el aire;
si un hueco negro
horadara mis pulmones
y escaparan las moléculas,
los estertores amnésicos,
los finos hilos de la vida.

Si me quedase ciego
y el sol quemase mis entrañas,
y el amanecer dormido
ya no elevara el diafragma
y no subiera el aliento
hasta la luz de los ojos.

Si caminar fuese dolor
y el dolor encalleciera los huesos;
si la brisa en mis oídos
inclinara el equilibrio
hasta tocar el suelo con la espalda
y el cielo con la lengua.

Si los versos recurrentes
se resistiesen a escupir sombras
y hubiera un vacío obsecuente
que derramara la lámpara;
si se acabasen los recuerdos
entonces, comenzaría a vivir.

viernes, 26 de marzo de 2010

Re-generación

Pintaron mis calles,
llenaron sus banquinas de señales.
La médula gestora
trazó mis destinos;
sopló un nombre a mi oído,
habló de un dios abstracto,
calzó dos zapatos derechos
para no desviarme del camino.

Hoy transito descalzo
borrando lo escrito.
Mis ojos siguen
improvisándome.

miércoles, 24 de marzo de 2010

Azul

Lo viste caer,
no viste morir sus ojos.

Una lágrima seca bebió al sol
y un batir de plumas agitó el aire;
buscaba el eterno azul,
la luz final donde descansan
los pájaros que mueren.

lunes, 22 de marzo de 2010

Desde entonces

La noche abrió un ojo
y un destello negro
cercenó mis palabras.
Todo es negro desde entonces.
La boca que deglute,
las gargantas del miedo,
las orejas de los fantasmas;
viajan en el mismo tren.

Desde el último peldaño del andén
resbala un corazón desteñido
hacia los rieles de la noche.
Sin diástole ni sístole
late un sueño muerto
en coma cuatro.

sábado, 13 de marzo de 2010

Hablando con los muertos

Cuando ya sea mío el óxido de la tierra,
la tarde nefasta con sus duendes negros,
los que juegan a enarbolar lanzas de piedras
sobre un centro de carne arrugada
poblada de tubérculos de tierra contaminada.

Cuando sea el gusano de la fiesta,
de la sabrosa carne rapiñada debajo de lápidas;
las mutantes sombras harán el resto
ocultando el silencio de los muertos,
nuestros muertos,
los que murieron y morirán después del ocaso verde
musgoso del tiempo.

Entonces llegarán las alabanzas, las loas plañideras,
las que nunca en vida se dijeron,
porque es más sencillo hablar con muertos.
Cuando vengas con tus cirios, con tus falsas lágrimas
sembradas de desconsuelo,
entonces sabré que morir fue el mayor acierto.

viernes, 5 de marzo de 2010

El silencio de los escombros

Extraño tiempo;
noche clara, día oscuro, mañana quién sabe.
Quizás un sismo sin magnitud borre la esperanza
y la vida sea un lance de dados
sobre una montaña de cráneos mutilados.
Tiembla la tierra
y los pies del árbol no pueden correr.

Se aplasta la copa y el labio roto
sangra mutilado;
ya no habrá besos de chocolate
en el desayuno
ni muñecas columpiando en las hamacas.
Perece el instante al instante;
silencio debajo de los escombros.

Se acomoda el núcleo,
se desacomoda la vida
amalgamados
en la muerte.

¡Corran, viene por más!

Insaciable tierra.

lunes, 22 de febrero de 2010

Tonterías medievales y cascos rotos

Trapezoidal movimiento de pies,
rombo inestable y desequilibrado,
un falso dos por cuatro
de ocho lados desiguales,
dos dedos de alcohol al filo del sombrero.
Afuera Malena canta un tango *
detrás de un arlequín de fango,
y el Cuartito azul** apaga sus luces dos instantes antes
del sollozo del alba, que no perdona
las malas rimas del alma.

Tonterías medievales
cascos blancos rotos por el verdugo tiempo;
la frente marchita que ya no vuelve
como tampoco vuelven los balcones con geranios.

Pasa, detrás de la carroza, el funerario.
Su atiborrada valija de lápidas a pedidos,
de epitafios dibujados en hojas de bronce
oropel de los muertos, sin olvidos.

En el epígrafe de la polaroid una pluma escribió:
“Hoy no creo ni en mi mismo,
todo es grupo, todo es falso,
y aquel, el que está más alto
es igual a los demás...” ***


*Malena - Homero Manzi
**Cuartito azul - Mario Battistella
***Las cuarentas - F. Gorrindo

viernes, 19 de febrero de 2010

Tantas cosas que no entiendo

Límites, calles cortadas y anegadas
en la vorágine del tranvía, del tiempo efímero.
Los ojos desorbitados buscan la calma
el norte que lo guíe hasta su centro.
Han pasado tantas huellas debajo de sus zapatos,
tantos chicles pegados en la vereda
que teme mirar al cielo, por si acaso
quedar varado.

Fueron las paredes quebradas las que hablaron
con sus grietas de escarnio.
Le dijeron con grafitis
¡Basta, no te sigas lamentando!

Camina, camina, anda de pies descalzos,
contágiate de la tierra, sus relieves, sus piedras en los caminos,
magúllate los dedos tropezando,
pero camina, camina, sigue andando.

Yo y mi silencio blanco.

Hay tantas cosas que no entiendo;
tantos negros presagios,
tantas oxidadas esperanzas,
contradictorias afonías
que hablan de un fracaso, de un sino oscuro, trasnochado.

Los límites redondos, siempre volviendo, rotando
sobre un eje descentrado,
mi silla de tres patas y un libro en blanco
bitácora de vuelo de un ave momificado.

Yo, mi oído sordo, mi silencio blanco
y tantas cosas que no entiendo…
tantas cosas que no entiendo…

domingo, 14 de febrero de 2010

La inutilidad de tu mezquino y abstracto yo

Soy el silencio,
el que deja de hablar para escribirte,
balbucear incoherencias desde un púlpito necio,
desde el cerrojo imbécil de tu lengua
que se niega, se retrae impunemente
hasta ser descifrado por un word
y sus malditas correcciones.

Un error haciendo catarsis,
magullando con dientes la piedra,
el basamento de tu yo inútil y abstracto.

Se corta el talón de Aquiles de tus miserias,
cae arrumbado entre los pies,
los crudos y desnudos pies de un gigante,
el que observa abstraído por mi risa,
la risa incomprensible de tu miedo.

Soy la honda certera de la palabra,
el proyectil disparado desde adentro
¡No huyas cobarde!

Abre el flujo de la sangre,
corroe el senil abandono estéril a los fracasos;
el estúpido amor altera tu libre albedrío
pero no lo mata.

martes, 9 de febrero de 2010

La irresponsable muerte de la culpa

Inexistente el vínculo
aferro eufórico sin saber
de la corta cadena de infortunios;
cada eslabón es un peldaño
hacia una bocanada de aire puro.
La primera y última.

Ya no pertenezco al ser natural
soy presto nonato advenedizo
de un útero de migrañas excitadas
e irresponsables.

Por los ojos, una vagina me escupe
como un vestigio casual-causal,
un orgasmo acelerado sin control,
restos de futuros inmaduros.
Un instante soy, otro no estoy;
perezco entre los dos últimos segundos
de una cobardía.

Y el mundo sigue andando
entre bombas y festines
en la franja del miedo,
del medio
indiferente.
Un instante fui.
Nadie me lloró.